Adicción al sexo, entre el show y el padecimiento

Acorralado por múltiples acusaciones de abuso y acoso sexual, el hasta no hace mucho tiempo intocable productor de Hollywood, Harvey Weinstein, decidió recurrir a la estrategia de escape que inauguró hace ya varios años Michael Douglas cuando fue acusado por su esposa de reiteradas infidelidades -recurso que también fue utilizado por otras celebridades como Tiger Woods, Rob Lowe u Ozzy Osbourne al verse en problemas legales o maritales debido a su comportamiento sexual-. La estrategia en cuestión consiste en mirar a cámara con gesto compungido y decir: "Perdón, soy adicto al sexo". Acto seguido, internarse en una de las tantas clínicas de rehabilitación de adicciones al sexo que florecen en los Estados Unidos.

Pero, ¿existe realmente eso que llaman "adicción al sexo"? Y, en caso de que así fuera, ¿puede todo aquel que incurre en un ejercicio sexual excesivo o incluso lesivo para otros, autoadjudicarse el trastorno? Las opiniones están divididas, en varios campos. Sin ir más lejos, los intentos por incluir su definición dentro del más respetado de los manuales de diagnóstico psiquiátrico (conocido según sus siglas como DSM-V) fracasaron, y si bien se incluyeron nuevos cuadros como la adicción al juego, la adicción al sexo sigue quedando afuera. Para muchos, no existen aún suficientes evidencias científicas como para elaborar una definición seria del tema. Otros, más proclives a aceptar la existencia de esta adicción, señalan sin embargo el riesgo de que sea utilizada por quienes en realidad no la padecen para escapar de las consecuencias legales de actos de acoso o de abuso sexual.

"Si pensamos una adicción como la pérdida de libertad frente a algo, sea una sustancia o un objeto que es necesario para calmar una angustia, uno podría aceptar que existe la adicción al sexo. El problema se presenta cuando las personas recurren a la idea de padecer una enfermedad como un refugio que les permita escapar de la responsabilidad de sus actos", opinó el médico especialista en psiquiatría Harry Campos Cervera. "Eso es lo que podríamos inferir que está pasando en un caso como el de Weinstein, en el que el diagnóstico aparece a posteriori de un escándalo en torno a su comportamiento sexual. Eso difiere de los casos en los que es la propia persona la que acude a la consulta porque se da cuenta de que el sexo le calma la angustia, pero que su comportamiento le trae conflictos laborales, sociales y familiares; conflictos que son los que resultan de cualquier adicción", agregó.

Lo cierto es que más allá del debate científico en torno a su posible definición y a su mal uso, la adicción al sexo es un problema que motiva consultas y que incluso cuenta con grupos de pacientes que replican el modelo de abordaje grupal de otras adicciones. Así como existen los encuentros organizados por las asociaciones Alcohólicos Anónimos (Al-Anon) o Jugadores Anónimos de Argentina, quienes sufren por la incapacidad de ponerle freno a una insaciable pulsión sexual se juntan en Sexo Adictos Argentina.

Esteban -que prefirió...

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