El acoso sexual, más fácil de probar

 
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La Organización Internacional del Trabajo (OIT) define el acoso sexual como un comportamiento en función del sexo, de carácter desagradable y ofensivo para la persona que lo sufre. Se presenta en dos formas: la primera, llamada quid pro quo, consiste en condicionar a la víctima prometiendo o dando un beneficio laboral, como un aumento de sueldo, una promoción o incluso la permanencia en el empleo, para que acceda a comportamientos de connotación sexual. La otra radica en crear un ambiente laboral hostil.El organismo tiene cifras relacionadas con el acoso en diversas partes del mundo, y estima que entre 30 y 50% de las trabajadoras ha sufrido acoso sexual en el trabajo.Quizás uno de los casos más resonantes se dio el año pasado, cuando Mark Hurd, el CEO de la tecnológica HP, debió renunciar a su puesto a raíz de una denuncia."El acoso sexual se mide en términos de injuria. Es como si un superior pegara un cachetazo a un subordinado", dice Juan Carlos Cerutti, socio de Cerutti, Unamuno, Darago. El abogado explica que el acoso psicológico, moral o sexual proviene de un superior, y que corre peligro el puesto de trabajo del acosado. "Se ejercen presiones, incluso en temas de trabajo.También puede darse que el acosador sea un par, o hasta una persona en un puesto inferior. Cuando es un empleado de menor jerarquía el que acosa, por ejemplo, un cadete, no se corre el riesgo de perder el trabajo si no se accede a las demandas, pero es obligación del empleador que las condiciones de trabajo sean dignas y evitar esta situación."En estos casos hay que ir al superior, denunciar la situación y que él suspenda o aperciba al empleado acosador. El artículo 242 de la ley de contrato de trabajo dice que la relación de empleo se puede extinguir cuando se trata de una injuria tan grave que se hace imposible continuar la relación.Pero en realidad la legislación argentina está en veremos a la hora de hablar de acoso (ver recuadro). "Nuestra legislación no tiene nada específico regulado sobre el tema", dice Gustavo Gallo, profesor de derecho del trabajo y número uno del estudio Gallo y Asociados.Según el profesional, el derecho norteamericano es más sensible que el argentino en esta materia "porque, a raíz de los casos que ha habido en las empresas, se ha llegado al otro extremo y algunos comentarios quizás vanales pueden tomarse como propuestas inapropiadas". Por ejemplo, "en los Estados Unidos está mal visto que el jefe le diga a la secretaria que se ve bien", cuenta Gallo...

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