Abuso de prisión y sesgo en la persecución, una deuda histórica

 
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La justicia penal colapsó. No ahora, hace décadas. Seis de cada diez personas que están en prisión no están condenadas y hay un sesgo de clase para la persecución penal.

Parece que el tiempo no pasó. Estas líneas podrían haber sido escritas en 1990. O antes. Las advertencias que realizó el Grupo de Trabajo de las Naciones Unidas son las históricas que desde los 90 vienen realizando los organismos de derechos humanos, con el CELS a la cabeza. Un estudio de 2016 de esta organización advirtió que entre 1997 y 2014 se duplicó la población penitenciaria, y que el año pasado dos tercios de los presos no tenían condena. A esto se suman los detenidos que están presos más de tres años en prisión preventiva, sin condena.

Hace 12 años, la Corte ya advirtió sobre este problema en el fallo Verbitsky. El CELS advertía entonces que los más pobres eran los presos, lo mismo que ahora dice el Grupo de Trabajo de la cuando destaca que hay una selectividad del sistema penal. Es mas fácil que terminen presos los pobres, los chicos en situación de calle, los indígenas, los inmigrantes y los gays, las lesbianas, los bisexuales y transexuales.

Esto es estructural, cultural y forma parte de las deudas del sistema penal y del sistema policial, que con la complicidad de la política se autogestionó durante décadas en la provincia de Buenos Aires y a nivel nacional. Las investigaciones de corrupción que descabezaron la policía porteña y la bonaerense reflejan un cambio que no obstante no alcanza para desterrar prácticas de violencia institucional o abuso policial en las detenciones -que en ocasiones se extienden por días- para la averiguación de la identidad.

Paula Litvachky, directora del área de Justicia y Seguridad del CELS, advirtió que si bien es histórica esta situación, "no sólo hay...

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