Abuso de maquillaje

 
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¿ Por qué se maquillan las mujeres bellas? ¿Qué necesidad tienen de tanta pintura y tanto esmero las mujeres jóvenes que igualmente serían lindas a cara lavada? Ese misterio barrial de todos los tiempos, que Baudrillard vincula al "universo de las apariencias", le hace sostener al gran filósofo de la posmodernidad que en lo femenino opera una "metafísica radical de la simulación". El tratamiento físico que incluye exacerbar los atributos con ayuda de maquillaje y adornos tiene por finalidad acentuar la dimensión simbólica del cuerpo para aumentar así su seducción, y con eso desafiar al mundo. De manera más prosaica, Cristina Kirchner lo dice sin remilgos: "Siempre me gustó pintarme como una puerta".El excesivo maquillaje presidencial, que hoy atempera las huellas del duelo y el desgaste del poder, fue en su momento motivo de críticas insidiosas, y ya forma parte del cruel folklore antikirchnerista junto con las carteras Louis Vuitton. Lejos de esos dardos clasistas, a mí el maquillaje me parece una asombrosa metáfora sobre el gobierno unipersonal de alguien que sale todos los días a tunear su gestión y a desafiar a los dioses.Ya el ensayista Alejandro Katz ha trabajado el tema del kirchnerismo como el eterno simulacro y la perpetua impostura: los kirchneristas ponen el guiño a la izquierda y doblan a la derecha. Proclaman ser democráticos y actúan como señores feudales. Exudan progresismo y producen desigualdad, pobreza crónica, corporativismo estatal, negociados de amigos y capitalismo concentrado. Sin refutar todo esto, me permito agregar que, a pesar de los postulados de Baudrillard, en política una cosa es falsificar y otra muy distinta es maquillar. Una cosa es el disfraz, que pretende hacer pasar a alguien por quien no es, transformando completamente su aspecto. Y otra cosa muy distinta es el make up , que sólo sirve para destacar ciertos rasgos y esconder otros. No discuto lo primero, pero me interesa trabajar lo segundo, porque Cristina no se disfraza de Dilma Rousseff o del Che Guevara; se maquilla de Juana Azurduy y de Eva Perón.A pesar de que algunas veces Cristina se probó los trajes de una modesta y abnegada líder de la centroizquierda democrática, y en otras oportunidades coqueteó con la idea de vestir ficticiamente los trapos ilusorios de un revolucionario, lo cierto es que con los años se fue reafirmando en las corrientes del nacionalismo vernáculo y el linaje evitista. Y admitamos que es más creíble y veraz dentro de esa tradición...

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