Abra Pampa: Un pueblo con plomo en la sangre

Autor:Norma H.Rozadas
Cargo:Profesora de enseñanza secundaria, normal y especial en geografía
RESUMEN

A 3.500 metros de altura sobre el nivel de mar la desolada seca y fría Abra Pampa, alberga a sus 13 mil habitantes en una soledad tan grande que solo los honores a la Pachamama pueden mantenerlos en pie como dignos habitantes del suelo Argentino. (...)

 
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A 3.500 metros de altura sobre el nivel de mar la desolada seca y fría Abra Pampa, alberga a sus 13 mil habitantes en una soledad tan grande que solo los honores a la Pachamama pueden mantenerlos en pie como dignos habitantes del suelo Argentino.

Un puñado de pueblos lejanos entre sí, una vieja estación experimental del INTA, un modesto hotel y un inmenso paisaje de coloridas montañas dan marco a la dejadez que sufren los puneños. Abra Pampa también lo sufrió después del abandono de las fuentes de trabajo y se sumergió en la pobreza, en la contaminación y en la enfermedad, como si fuera un casamiento ante Dios “hasta que la muerte los separe”.

Durante tres décadas (1950/60/70) la fundidora de plomo y otros metales “Metal Huasi” dio trabajo a los lugareños hasta que cerró sus puertas dejando toneladas de plomo a la buena de Dios. Esos minerales provenientes de Mina Pirquitas, departamento de Rinconada, era procesados y luego enviados a Bolivia en tren.

Cuando en 1986 cierra Pirquitas, la población se reubica en Abra Pampa, haciendo que ésta crezca descontroladamente y con ese crecimiento se fue instalando la desidia de los hombres poderosos y los funcionarios del lugar. Metal Huasi se declaró en quiebra y con ella se quebraron las esperanzas de sus ahora enfermos pobladores, quedando los pueblos en soledad y separados de la planta tan solo con un alambrado y un cartel de “peligro”.

Abra Pampa se transformó en un basurero, en un centro de alta contaminación de plomo y otros metales pesados cuyas 10 mil toneladas de escorias y 600 de humo blanco fueron llevadas por el frío y árido viento no solo a pueblos vecinos sino que se introdujeron en la sangre de sus habitantes, para provocarles enfermedades que van desde daños cerebrales, retraso en la pubertad, alteraciones en la visión, problemas de aprendizaje, daños en las funciones motoras, hasta saturnismo crónico1

Un empresario boliviano compró las tierras en el remate judicial, pero nada supo hacer con ellas. Años más tarde otro jefe comunal utilizó las escorias para construir defensas y loteó los terrenos, hoy parte de un barrio.

Un empleado decía “El humo y los gases provocaron enfermedades yo me jodí la salud en Metal Huasi”.

Estudios realizados en 1974-80-84 revelaron el alto nivel de plomo en sangre, informa María Tanuz, Secretaria de la Coordinación de Atención de la Salud Jujeña. El Padre Quique, en un reportaje que le hiciera Luis M. Claps, decía en el 2006: “se dice que hubo enterramiento de químicos y disposiciones de residuos en otras zonas de la ciudad, incluso que una escuela fue edificada sobre un sector donde se depositaron escorias…no sabemos qué consecuencias puede estar generando esto, es como una bomba de tiempo…”

En el 2006 el intendente Hernán Zerpa decía: “El Ministro de Salud de la Provincia me negaba que hubiera contaminación”; por lo que encargó al Grupo de Investigaciones Químicas...

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