A 25 años de la caída del Muro de Berlín

A fines del año en curso, el 9 de noviembre, se cumplirá un cuarto de siglo desde la caída del Muro de Berlín, con la cual comenzó felizmente a desmoronarse el sombrío imperio soviético. A partir de allí, la existencia histórica del comunismo transitó por su etapa final.Cuando las protestas populares en Ucrania y Venezuela nos conmueven a todos por la inhumana violencia represiva con la que se las ha enfrentado, es hora de recordar la dimensión criminal del comunismo, respecto de la cual solemos ser indiferentes.A fin de asentarse y conservar el poder, los regímenes de la era comunista erigieron al crimen en masa como elemento esencial de su sistema de gobierno. Esto, reiteramos, no ha sido evaluado como correspondía, ni desde el punto de vista histórico ni desde el punto de vista moral.Es cierto, Stalin demolió iglesias en Moscú; Ceaucescu arrasó el centro histórico de Bucarest; el Pol Pot desmontó, piedra por piedra, la catedral de Phnom Penh, y los Guardias Rojos, durante la Revolución Cultural de Mao, destrozaron tesoros históricos inestimables. No obstante, toda esa maldad, sumada, no se compara con el asesinato masivo de hombres, mujeres y niños.La cifra total de muertos de los que el comunismo es directamente responsable está en el orden de 100 millones de almas. De ellas, unos 65 millones perecieron en China, y unos 20 millones murieron en la Unión Soviética. El referido Pol Pot, en poco más de tres años, asesinó a la cuarta parte de la población total de Camboya. Esta verdadera sumatoria de tragedias enormes no se ha difundido como corresponde. Pero la macabra aritmética con la que se calcula el número de víctimas habla por sí misma.¿Por qué la historia no califica como debiera a los crímenes del comunismo? En primer lugar, porque los verdugos borraron las huellas de sus crímenes y trataron de justificar con retórica y propaganda aquello que no podían ocultar. Porque, además, combatieron implacablemente a quienes intentaban informar al mundo respecto de la ola criminal desatada. El...

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