14 de junio de 1982. Cómo vivieron el cese del fuego combatientes del Ejército Argentino
| Páginas | 10-34 |
| Fecha | 01 Enero 2024 |
| Fecha de publicación | 01 Enero 2024 |
| Autor | María Sofía Vassallo,Juan Francisco Natalizio |
| Materia | Ciencias sociales |
Malvinas en Cuesón | N.° 3 | 2024 | ISSN 2953-3430
14 de junio de 1982:
Cómo vivieron el cese del fuego combaentes del Ejército Argenno
María Soa Vassallo, Juan Francisco Natalizio
Malvinas en Cuesón, 3, e021, Arculos ciencos, 2024
ISSN 2953-3430 | hps://doi.org/10.24215/29533430e021
hps://revistas.unlp.edu.ar/malvinas
Universidad Nacional de La Plata
La Plata | Buenos Aires | Argenna
Esta obra está bajo una Licencia Creave Commons
Atribución-NoComercial-ComparrIgual 4.0 internacional
María Sofía Vassallo
msofiavassallo@gmail.com
https://orcid.org/0000-0003-2102-7037
Juan Francisco Natalizio
jfnatalizio@gmail.com
Universidad Nacional de Lanús
Argentina
Resumen
Durante la Guerra de Malvinas, el 14 de junio de 1982 es nombrado como el día
de la “rendición” argentina, la “capitulación”, el “cese del fuego”, pero también
como el día de la “máxima resistencia”. Se estudia aquí cómo lo vivieron oficiales,
suboficiales y soldados conscriptos del Ejército Argentino, cómo se gestó la
decisión y cómo fue presentada por los militares y el Gobierno británico. Se
analiza la secuencia de comunicaciones entre el presidente de facto, general
Leopoldo Fortunato Galtieri, y el gobernador de las islas, general Mario Benjamín
Menéndez, a través de fuentes bibliográficas y documentales argentinas y
británicas. El corpus central de la investigación está constituido por los
testimonios producidos en el marco del proyecto Voces de Malvinas. Archivo de
las memorias de los combatientes (Vassallo, 2022) y durante las once
temporadas del programa radial Malvinas Causa Central (Natalizio, 2012). En
general, cuatro ejes se reiteran en los testimonios de los combatientes: el impacto
de la noticia del cese del fuego, la entrega del armamento y la revisión por parte
de los británicos, el ver arriar la bandera nacional y/o flamear la británica, y el
estar prisioneros de los ingleses.
14 de junio de 1982
Cómo vivieron el cese del fuego combatientes
del Ejército Argentino
June 14, 1982
How Combatants of the Argentine Army Experienced the Ceasefire
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Malvinas en Cuesón | N.° 3 | 2024 | ISSN 2953-3430
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Palabras clave
Malvinas, guerra, capitulación, combatientes, testimonios
Abstract
During the Malvinas war, June 14th, 1982 is named as the day of the Argentine
“surrender”, the “capitulation”, the “ceasefire”, but also as the day of “the maximum
resistance”. How officers, non-commissioned officers and conscript soldiers of the
Argentine Army experienced it, how the decision was made and how it was
presented by the military and the British government, are the topics that are
studied here. The sequence of communications between the de facto president
General Leopoldo Fortunato Galtieri and the governor of the islands General
Mario Benjamín Menéndez is analyzed through Argentine and British bibliographic
and documentary sources. The main corpus of this research is constituted by the
testimonies produced within Voces de Malvinas project (Vassallo, 2022) and
during the eleven seasons of the radio program Malvinas Causa Central
(Natalizio, 2012). Generally, four axes are repeated in the testimonies of the
combatants: the impact of the ceasefire news, the delivery of weapons and the
review by the British, seeing the national flag lowered and/or the British flag
waved, and being prisoners of the English.
Keywords
Malvinas, war, capitulation, combatants, testimonies
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La recuperación de las Islas Malvinas
El 24 de marzo de 1976 se produjo el golpe de Estado contra el gobierno
constitucional de la presidenta María Estela Martínez de Perón y se puso en
marcha el denominado “Proceso de Reorganización Nacional”, bajo la
conducción de una Junta Militar integrada por los comandantes en jefe de
cada fuerza (Ejército, Armada y Fuerza Aérea). En 1982, la Junta estaba
compuesta por el general Leopoldo Fortunato Galtieri, el almirante Jorge
Isaac Anaya y el brigadier Basilio Lami Dozo, quienes habían tomado el
control del Gobierno en diciembre de 1981. Anaya había condicionado su
apoyo a Galtieri, como presidente y comandante de la Junta militar, si
cumplía con un plan de recuperación de las Islas Malvinas. Para esta Junta,
Malvinas era un tema prioritario y se comenzó a trabajar en un plan para la
recuperación de las islas, usurpadas por Gran Bretaña desde 1833. El plan
fue nombrado “Operación Azul” por oficiales de la Armada; pero, luego de
enfrentar un temporal y condiciones extremas de viento y mar, se llamó
“Operación Rosario”, a propuesta del coronel del Ejército Mohamed Alí
Seineldín, quien recordó que en las invasiones inglesas aborígenes, negros,
criollos y españoles se pusieron bajo la advocación de la Virgen del Rosario
para enfrentar a las tropas invasoras. La Operación Rosario se basó en la
hipótesis de que, al ocupar las islas, la Argentina quedaría en una posición
favorable frente a la persistente negativa británica de participar de las
negociaciones diplomáticas por la soberanía del archipiélago a instancias del
Comité de Descolonización de la Organización de las Naciones Unidas,
confiando, además, en que la mediación "equilibrada" de Estados Unidos
entre "dos aliados" evitaría la escalada bélica y abriría canales de diálogo
favorables al reclamo argentino.
Una crisis con los británicos, originada por un incidente con obreros
argentinos que trabajaban en las Georgias del Sur en el desmantelamiento
de una factoría ballenera en desuso, con todos los permisos al día, adelantó
el plan que la Junta venía trabajando desde principios de 1982. El 26 de
marzo dio la orden de recuperar las Islas Malvinas mediante el uso de las
fuerzas militares, sin producir derramamiento de sangre. El 2 de abril de 1982
las Fuerzas Armadas argentinas recuperaron el ejercicio pleno de la
soberanía sobre las Islas Malvinas. Arriaron la bandera inglesa e izaron el
pabellón nacional.
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Los altos mandos estaban convencidos de que no habría guerra; por eso, no
planificaron, no realizaron los preparativos necesarios ni tomaron las medidas
adecuadas. El plan original era dejar una pequeña guarnición militar en
Malvinas, mientras se resolvía diplomáticamente la cuestión. Ante la
respuesta británica, comenzaron a enviar unidades militares, pero sin un plan
integral consistente. Incluso, se vio desbordada la infraestructura básica de
Puerto Argentino —los servicios de agua, gas, electricidad, teléfono— por la
superpoblación repentina1.
En medio de las negociaciones de paz, el 1.° de mayo comenzaron los
bombardeos británicos. El 2 se produjo el criminal hundimiento del crucero
ARA General Belgrano ordenado por la primera ministra del Reino Unido de
Gran Bretaña, Margaret Thatcher, en el que murieron 323 argentinos; esto
clausuró la posibilidad de una solución diplomática del conflicto.
La firma de la rendición
El general Mario Benjamín Menéndez, quien había sido nombrado
gobernador argentino de las Islas Malvinas por la Junta Militar, el 7 de abril
de 1982, firmó el 14 de junio el acta de rendición ante el comandante de las
fuerzas terrestres británicas, el general Jeremy Moore. Esto se produjo contra
la voluntad y las órdenes expresas del presidente de facto Galtieri, quien
había mantenido una tensa comunicación con Menéndez en la que le ordenó
mover todo el personal fuera de los pozos y contraatacar con todos los
medios a su alcance, que la situación de los británicos era tan crítica como la
de las tropas argentinas. Menéndez le habló de los muertos, del agotamiento
de los combatientes, de la ausencia de medios para continuar peleando, del
sinsentido de seguir produciendo bajas. La comunicación terminó con la
afirmación de Galtieri de que reflexionaría sobre sus dichos y la referencia de
Menéndez a la urgencia y la gravedad de la situación.
El general Osvaldo García, comandante del Teatro de Operaciones Malvinas,
recuerda una dura conversación telefónica que mantuvo con Galtieri, a quien
le había informado que un coronel inglés quería parlamentar. El presidente le
ordenó a Menéndez que no hablase de rendición, “que no comprometiera la
actitud de las otras fuerzas en el continente, es decir, que hablara como
comandante de la plaza, como comandante del Teatro [...], que la rendición
no fuera incondicional, que no se entregasen las armas” (Junta Militar, 1983,
t. 1, f. 27).
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El vicecomodoro Eugenio Miari, secretario de Justicia del Gobierno Militar de
Malvinas, cuenta que fue convocado por Menéndez, quien lo consultó sobre
las diferencias entre los conceptos de capitulación y rendición y si él estaba
facultado para capitular. Frente a la respuesta afirmativa de Miari, le pidió que
le mostrara dónde estaba escrito eso. Miari relata que sacó del bolsillo el
reglamento que ya tenía marcado “para cuando capitulen los ingleses” y le
dio a leer los artículos correspondientes (del 6004 al 6007). Además, le
recordó que hay previsiones correspondientes en el Código de Justicia Militar
en cuanto a las condiciones fácticas que tiene que tener una capitulación —
efectivos, munición, entre otras— y que la evaluación de esas circunstancias
era su responsabilidad. Miari, a pedido de Menéndez, lo acompañó a
parlamentar con los militares británicos y recuerda:
El coronel Rose fue muy protocolar primero; es decir, trajo saludos, dijo
que lo lamentaba mucho, dijo que no tenía que haber más muertes ni más
bajas, que habíamos luchado bien, etc. Se ve que los ingleses tienen
experiencia en capitulaciones. Trasuntaron una preocupación muy
concreta. Es decir, dijeron que querían evitar mayor dolor y evacuarnos al
continente; pero que tenían un problema muy serio que era la Fuerza
Aérea. Ahí le prevengo a Menéndez que sobre eso no puede hablar,
porque son medios que no le dependen. […] Y, entonces, a instancia mía,
el general Menéndez plantea el problema de que él no puede incluir a
Howard y Fox Bay en la capitulación. Los ingleses no lo aceptan dicen que,
de alguna manera él es el comandante. […] Es difícil saber cuáles eran las
razones políticas por las cuales los ingleses querían terminar rápidamente.
[…] Por exigencia británica, que —dicen— de ninguna manera iban a
aceptar una capitulación en la cual no estuvieran incluidas. Le dan a
entender que van a seguir allí mismo las hostilidades y que no le van a
aceptar ninguna capitulación (Junta Militar, 1983, t. 5, f. 877, 878, 879).
Se abrió un cuarto intermedio y se dejó programada una nueva reunión con
los británicos, hacia la noche, de la cual participaría el general Jeremy Moore.
Menéndez informó al Centro de Operaciones Conjuntas de Comodoro
Rivadavia que había comenzado conversaciones con los ingleses para una
capitulación, no incondicional, y planteó “el problema de la Fuerza Aérea”.
Como respuesta, Galtieri ordenó a Menéndez lo siguiente: no debía firmarse
ningún documento (debía hacerse un acuerdo verbal, bajo palabra de honor),
no debía hablarse de rendición ni de capitulación, sino de evacuación y retiro
de tropas, debía tratar de que cada hombre regrese con su uniforme y
armamento individual y que el eventual compromiso debía ser en términos de
compromiso de honor (Miari y García en Junta Militar, 1983, t. 5, f. 879; t. 1, f.
27).
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Según Miari, Menéndez discutió estas órdenes, que consideró de imposible
cumplimiento y le respondieron que no eran órdenes, sino más bien un
“deseo del señor presidente”. Repreguntó sobre “el problema de la Fuerza
Aérea” y le confirmaron que cesaría el fuego. La segunda reunión con los
británicos fue presidida por el general Moore y ya el tono había cambiado, no
era amable y amistoso, sino más bien duro. Moore comenzó con una
introducción en la que dijo que nuestros pueblos siempre habían sido amigos
y había que superar rápidamente este trance. Presentaron un documento que
ya traían escrito (Miari en Junta Militar, 1983, t. 5, f. 880). Moore aceptó
tachar en el documento el término “incondicional” para evitar dilatar la firma y
este fue el texto firmado [Figura 1], finalmente, por Menéndez:
Yo, el abajo firmante, comandante de todas las fuerzas argentinas
terrestres, marítimas y aéreas de las Islas Falklands me rindo al general
Moore como representante del Gobierno de Su Majestad británica.
Bajo los términos de esta rendición, el personal argentino de las islas debe
mantenerse en los puntos que sean designados por el general Moore y
deben entregar sus armas, municiones o cualquier otra arma o equipo
según ordene el general Moore o los oficiales británicos correspondientes
que actúen en su nombre.
Siguiendo a la rendición, todo el personal de las Fuerzas Argentinas será
tratado con honor de acuerdo con las condiciones de la Convención de
Ginebra de 1949. Ellos deberán obedecer directivas concernientes a
movimientos y alojamiento.
Esta rendición será efectiva a partir de las 23.59 horas ZULU del 14 de
junio (20.59 hora local) e incluye las Fuerzas Argentinas desplegadas en y
alrededor de Puerto Stanley, en East Falkland, West Falkland y todas las
islas periféricas [la traducción es nuestra].
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Figura 1. Act a de capit ulació n, 14 de jun io de 1982
(Museo Nacional de Aeronáutica de Morón)
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García (integrante del Centro de Operaciones Conjunto, bajo cuya autoridad
se desempeñaba Menéndez) fue quien le leyó el texto de rendición al
presidente y declara que Galtieri “no podía concebir que se hubiera rendido el
general Menéndez” (Junta Militar, 1983, t. 1, f. 29). El vicealmirante Leopoldo
Suárez del Cerro (jefe del Estado Mayor Conjunto de las Fuerzas Armadas y,
como tal, integrante del Comité Militar, COMIL) señala que el 14 de junio “no
había sensación de derrota” y se preveía combatir durante siete o diez días
más (Junta Militar, 1983, t. 1, f. 166).
El mismo general Menéndez había creado expectativas exageradas que no
correspondían a la real situación táctica y moral de la tropa. No había
notificado a los superiores de los problemas de abastecimiento, entre otros.
En el continente, los altos mandos pensaban que la de Puerto Argentino era
una defensa fuerte. Por ejemplo, el general García —del Centro de
Operaciones Conjuntas— dice:
Yo pensaba que la defensa iba a resistir bien, es decir, para eso estaba
preparada. Si bien una actitud estática nunca conduce a ningún éxito, por
lo menos, yo podía esperar un desgaste enemigo que la frenara. Esas eran
las circunstancias favorables que, como CEOPECON, nos podían hacer
pensar en una actitud o en una contramedida ofensiva (Junta Militar, 1983,
t. 1, f. 31).
Esta acción de Menéndez, firmar la rendición, es reivindicada por algunos
oficiales, altos mandos y combatientes argentinos (general de Brigada
Américo Daher en Junta Militar, 1983, t. 2, f. 379; VGM coronel Manuel
Dorrego en Junta Militar, 1983, t. 1, f. 913; VGM Daniel Stella, teniente
primero, Regimiento de Infantería Mecanizado 5, jefe de la Compañía A;
VGM Jorge Zanela, subteniente, Grupo de Artillería Aerotransportado 4) y
cuestionada por muchos otros que argumentan que aún no se habían
agotado los dos tercios de hombres y municiones, como indican los
reglamentos militares, para rendirse, como veremos más adelante. El Informe
Rattenbach (Junta Militar, 1983) señala que Menéndez es responsable de
“capitular sin haber agotado la munición ni haber perdido los dos tercios de
sus efectivos. Esta comisión no ha obtenido evidencias que la decisión de
rendir sus fuerzas, se haya debido a presión y consejo recibido de persona
alguna” (t. 1, f. 273).
El VGM comodoro Rubén Moro, miembro de la Comisión Rattenbach y
redactor del informe homónimo, autor de varios libros sobre la Guerra de
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Malvinas, señala:
El RI 25, el RI 6, el RI 3 no habían intervenido en la batalla salvo con
fracciones aisladas, mientras que tampoco lo habían hecho el RI 5 (Puerto
Howard) y el RI 8 (Puerto Fox), y no existían posibilidades de emplearlas
por carencia de movilidad. Ello implicó, además, que sólo combatió menos
del 50 % de los efectivos terrestres argentinos desplegados a Malvinas,
mientras que las fuerzas británicas fueron empleadas en su totalidad,
marcando una diferencia no simplemente cualitativa, sino cuantitativa
(Moro, 1986, p. 501).
El Gobierno de Gran Bretaña impuso un estricto hermetismo documental
sobre la guerra de 1982. Estableció por ley el secreto durante noventa años
(tres veces más que los correspondientes a la participación inglesa en la
Segunda Guerra Mundial). Sin embargo, con el transcurso de los años se
filtraron algunos datos relevantes. Declaraciones de comandantes británicos
que participaron del conflicto armado en un programa especial dedicado a los
25 años de la guerra son consistentes con el análisis presentado por el
historiador militar Rupert Allason, miembro del Parlamento británico por el
Partido Conservador (1987-1997), en su libro La Guerra Secreta por las
Malvinas (1998), publicado bajo el seudónimo de Nigel West. Allí afirma:
El Ministerio de Defensa encargó un informe posterior a la acción, escrito
por el coronel David Parker, del Regimiento de Paracaidistas, para
documentar las lecciones aprendidas durante la campaña. Aunque aún
secreto, se cree que es la relación más franca de cuán cerca del fracaso
estuvo toda esa campaña, y equivale a un catálogo de decisiones erróneas
en todos los documentos críticos. Es muy estremecedor enterarse de que
algunas unidades en la línea del frente en las afueras de Stanley estaban
reducidas a sus últimas seis tandas de municiones el día de la rendición,
sin perspectivas de nuevos aprovisionamientos. Su conclusión fue,
simplemente, que la Fuerza de Tareas tuvo la suerte de no enfrentarse con
oponentes que se ajusten a las reglas del Pacto de Varsovia, una
imputación rotunda tanto para el Estado mayor cuanto por el equipamiento2
(West, 1998, pp. 229-230).
La noticia de la capitulación de Menéndez produjo un profundo impacto en
los soldados, suboficiales y oficiales desplegados en las islas. Recuerdan y
destacan sentimientos y sensaciones encontradas, y relatan detalladamente
algunas circunstancias vividas con intensidad. Muchos describen el 14 de
junio como el peor, el más triste y/o el más humillante día de sus vidas.
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La noticia del cese del fuego
La situación de combate se caracteriza por la tensión y el estrés, la
incertidumbre y lo imprevisible, los gritos, la sangre, los muertos, los heridos,
la propia vida en riesgo permanente, el estruendo de los disparos y las
explosiones de las bombas, las esquirlas, el polvo y las piedras, las órdenes
y los pedidos de auxilio de los superiores y camaradas, el olor de la pólvora y
la carne quemada. La confusión. El caos. “El infierno”, dicen algunos. El cese
del fuego es el fin de todo eso. Después del griterío y el ruido sobreviene el
silencio. De esta manera, lo describe el VGM Jorge Torres (soldado del
Regimiento de Infantería Mecanizado 25):
El silencio que duele, los silencios que hacen mal; porque fue así, en un
momento, yo escuché las gaviotas, escuché el mar, cosas que no había
escuchado hasta ese momento. Entonces, ese silencio a mí me marcó y
me hizo a mí entender que había terminado todo, que ya estaba. […] Nos
juntamos, se pasó lista. Estábamos todos […]. No había ni siquiera un
herido. Estábamos los 74. […] Era una dualidad de sensaciones porque
decíamos: “perdimos la guerra; pero terminó, podemos volver a casa”. […]
Al lado nuestro, siempre el gran jefe (el coronel Seineldín) diciéndonos que
levantáramos el pecho, que habíamos perdido una batalla, que no era la
guerra la que se perdió. […] Ya no había más miedo, no había más nada,
era dolor, la palabra era esa (Malvinas Causa Central, 2022, 46m34s).
El VGM Héctor Tessey, teniente primero, jefe de la Batería C del Grupo de
Artillería de Monte 3, cuya posición de fuego estuvo en el Valle Moody,
describe así los sentimientos y sensaciones encontradas:
Se acabó, ¡qué suerte!; pero ¡qué mal! ¿Por qué? Porque perdimos. ¿Y
ahora qué? Ahora voy a volver al continente, voy a volver a ver a mi mujer,
a mis hijos. Estoy vivo ¡ah! pero ¡cuántos murieron! […]. Entonces, el 14 de
junio significó un sentimiento de abatimiento, porque perdimos, y un
sentimiento de alivio, porque acá estamos, porque seguimos. Se fue la
muerte, tengo futuro (H. Tessey, comunicación personal, 25 de octubre de
2022).
El VGM Rubén Pablos, soldado del Regimiento de Infantería 7, también
describe esta mezcla de sensaciones:
No teníamos nada más que hacer, por un lado, el día más triste de mi vida,
una angustia tremenda, llorar, se nos caían las lágrimas de esa angustia
que no podíamos hacer más nada. Y, por otro lado, lo que siempre
sostengo que a partir de ahí comenzó un sentimiento que llevo al día de
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hoy, que es muy ambiguo, que es permanente de tristeza y de alegría. De
tristeza por haber perdido, por los compañeros que cayeron en combate,
por todo lo que es participar en una guerra que es muy difícil explicarlo en
palabras, se había terminado eso. Y, por el otro lado, la alegría de que se
había terminado ese horror y que yo podía volver a mi casa con mis seres
queridos, a mi vida normal —que en aquel momento pensaba que iba a
retomar—, entonces, eso me acompañó hasta el día de hoy: tristeza y
alegría, angustia, bronca, tristeza y alegría por haber sobrevivido, que a
veces incluso esa alegría se ve empañada porque durante muchos años
era esa culpa de por qué uno había sobrevivido y otros no, por qué yo vine
y otros no (Malvinas 40 Historias, 2022, 37m53s).
Muchos combatientes recuerdan la noticia del cese del fuego como un
momento terrible, catastrófico. El VGM Pascual Rueda, soldado del
Regimiento de Infantería Mecanizado 7, lo expresa de esta manera:
En esos momentos, la verdad que uno siente mucha rabia, mucha
impotencia, mucho dolor, angustia, es una mezcla de muchísimos
sentimientos. Durante el combate uno es una especie de máquina que no
toma conciencia de la realidad, en que se defiende de la mejor manera
posible, hace lo que el momento amerita que uno haga. Y el hecho de
habernos rendido fue muy triste, muy doloroso porque te queda como la
sensación de que diste todo y no sirvió para nada. El dolor que nosotros
llevamos hasta el día de hoy marcado a fuego en el alma. Nosotros
hicimos lo que pudimos y estamos orgullosos de haber defendido nuestra
bandera, nuestra soberanía. Creo que no tenemos nada de qué
arrepentirnos, a pesar de que cuando volvimos nos quisieron hacer sentir
culpables de la derrota porque nos trajeron escondidos y nos vivieron
escondiendo durante mucho tiempo hasta que nos revelamos y
empezamos a contar la historia de Malvinas, la historia que no querían que
se cuente la vivimos contando día a día (Malvinas Causa Central, 2019,
8m15s).
El VGM Claudio Chafer, soldado del Grupo de Artillería Antiaéreo 601,
destaca:
La verdad que fue terrible, fue tremendo, yo estaba de vuelta en la radio
con el teco [por el teniente coronel], este loco impresionante que era; se
venía de una seguidilla de días que se veía que la cosa estaba llegando a
un punto final [...]. Fue un golpe bajísimo, fue algo muy fuerte, si bien
internamente, te hablo con el corazón en la mano, uno está esperando que
tenga un final eso, porque las bajas ya eran permanentes [...]. Y el 14 de
junio alto el fuego, yo con la radio, con el teco, lejos como siempre, o sea,
estaban todos en los pozos y nosotros allá en el medio del campo, porque
él se ponía ahí para ver bien, si venían aviones o no, esperando el alto el
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fuego o qué pasaba [...]. Y cuando confirmaron que nada, listo, que no
había nada más que hacer, que era el fin de los combates, me acuerdo
siempre y te digo que se me pone la piel de gallina, que el teniente coronel
Arias, el viejo, como yo le digo, me acuerdo que se sacó el casco, se
agarró la cabeza, se le piantó un lagrimón al tipo, y dice “listo, apague todo,
vaya y coméntele a la tropa que ya no hay nada que hacer, que dejen
todo”. Yo me acuerdo que me mató verlo al chabón en esa posición, me
doy vuelta, salgo corriendo a los pozos, lo dejé al tipo con el conductor, el
chofer que teníamos en ese momento, otro soldado, obviamente, y fui a los
pozos para decirle a todos “che, listo”, y te puedo asegurar que fue un
dolor, que todavía siento adentro, de ver a suboficiales del Ejército
Argentino festejando el alto el fuego (Malvinas Causa Central, 2021,
42m20s).
El VGM Andrés Fernández, soldado del Regimiento de Infantería Mecanizado
6, describe aquel día como
Horrible, creo que es uno de los peores días que he vivido. […] fue todo
bastante trágico, porque nosotros estábamos en un puesto; pero como
éramos soldados de comunicaciones teníamos que estar como un paso
adelante para poder hacer este tema de comunicarlos y estábamos muy
débiles, yo había perdido 35 kilos que es muchísimo para una persona
normal, en dos meses y medio 35 kilos era mucho. […] Estábamos
nosotros preparados en nuestros pozos, mirando a la playa cerca del
aeropuerto, teníamos una puerta de chapa y alguien nos golpeó la puerta y
dice “nos volvemos a casa muchachos, se rindió Menéndez”. Ahí hubo un
silencio, algún otro que dijo “bueno, nos volvemos a casa”, pero ahí todo
fue como si todo se volviera en cámara lenta y en blanco y negro. Una
desazón total (Malvinas Causa Central, 2015, 8m24s).
Así como el silencio, luego del cese del fuego, permite descubrir sonidos
antes imperceptibles, luego de lo vertiginoso, caótico e infernal del combate,
para algunos se hace muy notable la experiencia del cambio de ritmo en las
acciones, todo se lentifica y esa nueva cadencia está asociada a una
coloración, el blanco y negro, la tonalidad de grises, y a los sentimientos de
abatimiento y congoja.
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Ver avanzar a los ingleses y ver arriar la bandera argentina
La experiencia de ver avanzar a los británicos y ver arriar la bandera
argentina, como confirmación irrefutable de la derrota, es evocada por
muchos combatientes con vivacidad y dolor. El VGM Ariel Alfredo Peña,
soldado del Regimiento de Infantería Mecanizado 7, cuenta:
Yo dije chau, estamos en el horno. Hicieron lo que quisieron. Una bronca
terrible, todos teníamos una bronca que no sabés. Era una impotencia
porque después de tanto tiempo, de haber hecho tanto, que terminen ellos
ahí, no, todos veníamos como una vena, mucha impotencia. […] Veníamos
con una bronca bárbara, una vergüenza porque es lo mismo que cuando
vos vas a algún lado y venís perdiendo, una cosa bárbara viste, te da
vergüenza te dan ganas de esconderte. Y eso era lo que sentíamos
nosotros. Lo único bueno fue que cuando me evacuan, ya en el barco, que
es el barco nuestro, ya éramos todos argentinos, ya era una cosa de locos,
era tocar el cielo con las manos, dijimos listo, volvemos a vivir, volvimos a
nacer, ahí nos dimos cuenta (Voces de Malvinas, 2022, 43m26s).
El VGM Joaquín Ignacio Carballo, soldado del Regimiento de Infantería
Mecanizado 7, observa: “Lo más doloroso fue ver bajar la bandera y que
subieran la de ellos. […] Viendo eso, todo lo demás era como nada” (Voces
de Malvinas, 2022, 51m35s). Por su parte, el VGM Fernando Préstamo,
soldado del Regimiento de Infantería Mecanizado 3, recuerda:
A mí me tocó ver ahí en la parte de atrás de los galpones en Puerto
Argentino, ver cómo se arriaba la bandera argentina y levantaban la
bandera inglesa y eso, bueno, daba mucha bronca. A mí me tocó ver un
kelper subido en un techo aplaudiendo el avance de las tropas británicas, y
en ese momento la reacción fue agarrar la pistola, apuntar y querer tirarle.
Un capitán, en ese momento que me vio, me levantó los brazos y el tiro
salió al aire. Pero en realidad le estaba tirando al kelper, iba a cometer una
locura. Pero bueno, eran las broncas que se sentían en ese momento
(Malvinas Causa Central, 2014, 3m20s).
El VGM Eduardo Gasparini, soldado del Regimiento de Infantería 7, se
replegó con un grupo de compañeros a Puerto Argentino y cuenta que allí:
Me quedó grabado el tanque de guerra. ¿Viste las películas de guerra,
Combate, esos tanques de guerra enormes? Y venían con una bandera
inglesa inmensa arriba y venía adelante el general Moore y todo atrás. No
me lo olvido más. El general Moore delante de todo, embarrado. […] Ver
arriar la bandera argentina e izar la inglesa, los del pueblo con banderitas
inglesas y que nos digan de todo, yo no entendía (Voces de Malvinas,
2022, 44m46s).
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El VGM Fabián Riveiro, soldado del Batallón Logístico 9, recuerda:
Cuando te enterás que se firma la rendición, empiezan a llegar los ingleses
a Puerto Argentino, tuvimos que entregar las armas, yo estuve 4 días
prisionero de los ingleses y era todo feo, ver que bajan tu bandera, se te
caen las lágrimas, era todo mal, todo mal (Malvinas Causa Central, 2021,
23m58s).
El VGM Ariel Fueyo, soldado de la Compañía de Ingenieros de Combate 601,
cuenta:
Nos despertamos todos los días a las seis de la mañana, y esa mañana
(del 14 de junio) nos despertó el silencio. El taller tenía unos portones de
chapa y los abrimos y empezamos a ver cómo las tropas venían bajando
de los montes y cómo había parado el bombardeo. Ahí nos comunicaron
por radio que estaban en tratativas de firmar un alto al fuego. Ahí la
sensación fue dual: de alegría, porque se estaba terminando la guerra, y
de tristeza, porque no se había logrado el objetivo, y hasta en mi caso el
cuestionamiento por si había hecho todo lo que estaba a mi alcance [...]. El
día más triste de mi vida —mirá que se me murió mi mamá y mi papá, me
dolió terriblemente como le debe doler a cualquier hijo—, pero hoy y desde
ese día, el día que yo vi en la Gobernación, que vi todos los días que
pasaba la bandera argentina flameando y vi la bandera inglesa ese día y
hasta hoy el día más triste de mi vida (Malvinas Causa Central, 2022,
57m22s).
El VGM Luis Quinteros, soldado del Regimiento de Infantería 1, relata:
Cuando regreso a Puerto Argentino, me encuentro en la casa del
gobernador flameando ya la bandera británica y la verdad que eso a mí me
provocó una sensación de humillación terrible, porque yo, no solo yo,
quería seguir combatiendo, tener la batalla final en Puerto Argentino,
porque se hablaba, pero ya se había capitulado; yo nunca hablo de
rendición porque eso es una cosa más amplia yo hablo de cese de fuego
de capitulación, y la verdad que eso a mí me dejó un sabor muy amargo,
creo que nunca me sentí tan humillado, de partir con mi bandera y volver y
encontrarme con la bandera británica. Por eso, hoy me duele muchísimo
esta moda de mucha indumentaria, porque es otra forma de colonización
que tienen los británicos, es más, creo que invierten más dinero en eso que
en armas, de ver a tantos jóvenes y no tan jóvenes luciendo en sus
remeras, mochilas, bolsos, sus fundas de celulares, billeteras con la
bandera británica, para mí la bandera encierra un significado muy serio
para andar mostrando banderas de otros países (Malvinas Causa Central,
2016).
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La procesión de “los mutantes”
Al conocerse la noticia del cese del fuego, cientos de soldados argentinos
bajaron de los montes, flacos, rotos, heridos, sucios, manchados de negro
por el hollín de la combustión de la turba en sus pozos; los ojos rojos,
hundidos. Ellos mismos se nombran “los mutantes” y, así, se diferencian de
los soldados argentinos que habían permanecido en la ciudad y llegaron ese
día en mejores condiciones (VGM Augusto Esteban Vilgre La Madrid en
Voces de Malvinas, 2022, 1h43m46s). Sin embargo, a pesar de todo, varios
destacan los esfuerzos realizados por marchar con dignidad y honor. El VGM
Sergio Pantano, soldado del Batallón de Infantería de Marina 5, cuenta que
tras los últimos momentos del combate, de tirar y tirar con los morteros —
incluso que les ordenaron disparar sobre propia tropa, “le tirábamos a las
posiciones de nuestros camaradas […] para darles un respiro y poder
reagruparse”—, que sus compañeros continuaron hasta agotar munición.
Después de todo eso, destaca: “Nos reagrupamos en Sapper Hill [...] y
entramos a Puerto Argentino desfilando y llorando por los caídos, pero con el
pecho en alto” (Malvinas Causa Central, 2016). También el VGM Ramón
Jesús de León, soldado del Batallón de Infantería de Marina 5, cuenta:
Nosotros entramos a Puerto Argentino prácticamente desfilando, con todo
el armamento y las municiones que nos quedaban. Una de las cosas más
triste, ver cómo se arriaba el pabellón argentino. Pero también el alivio de
que todo se estaba terminando porque la habíamos pasado muy mal en los
últimos combates, con mucha fuerza, mucha garra y ya sin miedo
(Malvinas Causa Central, 2020, 19m45s).
Entregar las armas
Tomar las armas es un rito de pasaje que marca el ingreso de ciudadanos del
país a la vida militar. En las vísperas de recibir las armas, se las cuida, no se
las pierde de vista durante la noche anterior, se pasa la noche en vela, en
vigilia. Estar en vigilia es estar alerta, despierto; pero también se entiende por
vigilia la víspera, la preparación previa de una festividad religiosa. Velar las
armas es una experiencia espiritual que complementa el entrenamiento
físico, un tiempo de silencio, de reflexión en busca de fortaleza para las
batallas futuras. La expresión velar las armas es muy antigua, remite al
mundo de los caballeros medievales.
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El entrenamiento en el manejo de las armas, la práctica de tiro, la unidad
entre el hombre y el armamento es central en la formación militar: conocer el
funcionamiento, poder armar y desarmar los fusiles, limpiarlos, mantenerlos,
lubricarlos, son saberes y destrezas básicas, de las cuales depende la propia
vida y la eficacia en el combate. La instrucción de orden cerrado con armas,
consiste en entrenar al personal sobre cómo pararse, moverse y desplazarse
formando una unidad cohesionada en situaciones de no combate, que
enfatiza la relevancia del manejo de las armas.
Para un soldado, para un militar, tener que entregar las armas es verse
despojado de lo que lo ha constituido como tal. Por todo esto, la experiencia
de tener que entregar las armas a las fuerzas enemigas es tan dura y
humillante. Así lo manifiesta el VGM Santiago Mambrín, soldado del
Regimiento de Infantería Mecanizado 7:
Cuando hacías la colimba te decían el fusil es tu mamá, tu novia, tu
hermana y no lo tenés que abandonar, y era verdad porque era lo que te
iba a mantener con vida. […] [Antes de entregarlo] yo lo fui desarmando y
tirando piezas al mar para no dejarlo íntegro […]. Cuando llego ahí lo tiro y
me pegaron un par de empujones y estaba el mayor Carrizo que me dijo
“quédese tranquilo, Mambrín”. Es muy feo cuando tenés que entregar tu
arma y más cuando vos estás en tu tierra (Malvinas Causa Central, 2022,
53m34s).
Muchos escondieron y enterraron los sable-bayoneta, las municiones y el
equipo. Otros los desarmaron y los dejaron inutilizables antes de entregarlos
a los ingleses.
Los soldados argentinos debieron marchar por medio de dos filas de militares
británicos y entregarles los cascos, los cargadores y los fusiles. Varios
recuerdan momentos de tensión en esta situación. El VGM Fernando
Préstamo, soldado del Regimiento de Infantería Mecanizado 3, cuenta:
Al jeep yo lo había retirado en el año ‘81 de la Mercedes, había estado
siempre conmigo y bueno, una de las sensaciones fue meterle piedras
adentro del motor, ponerlo en marcha, dejar el mate preparado arriba del
tablero, me traje las llaves […]. Cuando me largo a caminar, después de
unas cuadras, me para tropa británica, pero me para con mucho respeto,
cuadrándose con el saludo militar y pidiéndome el armamento. Entonces,
yo tenía una pistola 9 milímetros que la llevaba a la cintura —el resto del
armamento lo había dejado arriba del jeep— y entonces le hago la seña
para descargarla, le saco el cargador, le saco la bala de recámara y
cuando tiro para sacar la bala de recámara le saco la corredera y la tiro al
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agua, la tenía ahí al lado, y le entrego la pistola. Me miraron con una cara
que me querían comer, ¿viste? Porque se querían llevar la pistola, pero
bueno, se la di desarmada [risas] (Malvinas Causa Central, 2014, 4m47s).
El VGM Daniel Stella, teniente primero, Regimiento de Infantería Mecanizado
5, jefe de la Compañía A, dice que no se va a olvidar más del momento
terrible en que le quitaron su pistola y su cuchillo de paracaidista; que se
sintió como violado, mucho peor cuando vio que el inglés se lo quedaba.
Cuenta también que mandó a arreglarse, lo mejor posible a los soldados,
hizo formar a la Compañía y bajaron cantando la “Marcha de Malvinas”,
sacaron las correderas de los fusiles y los tiraron al mar (en Voces de
Malvinas, 2022, 1h25m00s).
Luego de la capitulación de Puerto Argentino, para profundizar el malestar de
sus adversarios, los británicos exhibieron todas sus fuerzas terrestres, aéreas
y marítimas. Varios combatientes lo recuerdan y lo destacan. Como señala
Diego Cejas (2022), para afrontar con fortaleza y dignidad esa situación
humillante, algunos se valieron del canto. El subteniente Carlos Braghini
creyó que con el Himno Nacional podría sobreponerse al momento de rendir
sus armas, pero no pudo cantarlo, preso de la impotencia, la rabia y el llanto
(Cejas, 2022, p. 146). El jefe del Regimiento 25 ordenó a sus soldados
entregar las armas cantando con todas sus fuerzas; pero fueron acallados
por los británicos (Seineldín en Cejas, 2022, p. 146). Sin embargo, pudieron
escucharse voces rebeldes surgidas de los grupos más alejados, que aún
esperaban ser trasladados y desobedecían la orden inglesa (Cejas, 2022, p.
146).
La culpa por la derrota
Un tema recurrente en los testimonios de los veteranos es la incertidumbre,
las dudas acerca de lo que podrían haber hecho mejor, el sentimiento de
dolor e incluso de culpa por la derrota.
El VGM Carlos Retamar, soldado del Grupo de Artillería Aerotransportado 4,
lo expresa así:
Con Malvinas no tuve problemas con que me hayan mandado, no tuve
problemas con el frío, no tuve problemas con la comida. A mí lo que
siempre me persiguió o atormentó es lo que no llegué a hacer, pude fallar
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en algunas cosas y digo esto lo podría haber hecho mejor, […] si
hubiésemos tirado un poco más, si hubiésemos traído los cajones más
rápido […] (Malvinas Causa Central, 2021, 39m02s).
Esta duda se acentúa en los que no tuvieron la oportunidad de entrar en
combate. El VGM Jorge Verri, soldado del Regimiento de Infantería 1,
recuerda:
Una mezcla, liberados por un lado de esa responsabilidad y una sensación
completamente contraria, que era la sensación de haber perdido, de no
haber podido cumplir, no haber podido mostrar todo lo que uno tenía.
Después lo vi, porque esto pasó durante la noche, ya de día, cruzándome
con otros compañeros y gente de otras unidades yendo para ser
prisioneros, esta sensación de… era una cosa fantasmal. Mucho silencio,
una tensa calma, mucho silencio [...] había mucha decepción propia, creo
que, en todos, no podría decir bronca, era una sensación de “bueno, algo
terminó”, pero nos faltaba algo a cada uno en persona […]. No hablo de los
jefes, sino de que a nosotros nos quedó algo para dar. Había una mezcla.
[...] muchos años sentí eso, de que siempre tenía una deuda con los que
habían entrado en combate y creo que es una sensación de muchos que
por ahí no la pueden expresar y que en muchos casos también ha sido
causa de trauma de saber de haber estado ahí y no poder tomar una
decisión personal (Malvinas Causa Central, 2022, 24m25s).
El VGM Augusto Esteban Vilgré La Madrid, subteniente del Regimiento de
Infantería Mecanizado 6, rememora así el momento en el que todo terminó:
En ese momento que se produce el alto del fuego […] siento un silencio
tremendo, hasta me acuerdo que se escuchaban las gaviotas. Y ese sonido
del viento y ese silencio me empezó a lastimar los oídos, tan
acostumbrados a los sonidos del combate […]. Yo me sentí el más
fracasado de los jefes, el que había elegido una profesión y había fallado,
había estado en dos combates y había perdido, le había fallado a mi viejo,
que me había pedido que cuidara a mis soldados y sentía una vergüenza
enorme. En ese momento, se me acerca el soldado Britos, el loco Britos y
me dice... El tipo venía con su casco, su fusil, cagándose de risa y me dice:
“Mi subteniente, saquémonos una foto”. […] Y el tipo me dice algo que en
ese momento yo no entendí, que es: “Mi subteniente, alguna vez vamos a
estar orgullosos de lo que hicimos, le peleamos de igual a igual a los
Johnny, acuérdese” (Voces de Malvinas, 2022, 2h52m16s).
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La posguerra como campo de batalla
Muchos veteranos de guerra rechazan que se los nombre como
“excombatientes”, porque afirman que ellos nunca dejaron de combatir. Es
más, el 15 de junio de 1982 empezaba la posguerra que varios describen
como más dura, incluso, que la guerra en sí. El VGM César González Trejo,
soldado del Regimiento de Infantería Mecanizado 3, destaca:
Como dijo un amigo, “nosotros no nos rendimos sino que nos replegamos”,
estamos replegados de Puerto Argentino, pero estamos combatiendo en
otro territorio, que quizás es más complejo y difícil. El 14 de junio en las
Islas fue como algunos lo llaman, “el día de la máxima resistencia”. Hubo
muchísimas actitudes heroicas, el afán de resistir, que no estaba en la
cabeza de nuestros comandantes y del general Menéndez. [...]. Y
comenzaba otra batalla el 15 de junio de 1982, que dura hasta hoy
(Malvinas Causa Central, 2014, 0m17s).
El Informe Rattenbach, la evaluación de la conducción de la guerra y los
responsables de la derrota
Finalizado el conflicto y caída la Junta Militar integrada por Galtieri, Anaya y
Lami Dozo, el nuevo Gobierno de facto, presidido por el general Reynaldo
Bignone, creó la Comisión de Análisis y Evaluación de las Responsabilidades
en el Conflicto del Atlántico Sur (CAERCAS), encabezada por el general
Benjamín Rattenbach. La comisión realizó un estudio minucioso y una crítica
profunda a la conducción de la guerra, conocido como Informe Rattenbach
(Junta Militar, 1983).
La Junta Militar tomaba todas las decisiones (políticas y militares), ni siquiera
consultaba al ministro de Defensa Nacional, Amadeo Frúgoli, por su
condición de civil (Galtieri en Junta Militar, 1983, t. 4, f. 692). El VGM Rubén
Moro, redactor del Informe Rattenbach, describe así los errores cometidos
por la Junta:
La primera decisión errónea fue considerar que Estados Unidos se
mantendría neutral, porque si Estados Unidos hubiese permanecido neutral
durante el conflicto bélico, el Reino Unido no habría podido operar en el
Atlántico Sur por falta de elemento y falta de combustible, no tenía cómo
sostener logísticamente a una flota del tamaño que llevó al Atlántico Sur.
Y el segundo error fue creer que desplegando 8.000 o 10.000 soldados,
que no estaban preparados para la lucha, muchos de ellos estaban recién
incorporados, iba a producir en Gran Bretaña la sensación de que las Islas
no valían el riesgo que había que correr y la sangre británica que iba a
morir por unas Islas que nadie sabía dónde estaban [...]. Los dos errores
fundamentales de la Junta fueron estos.
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Asimismo, evalúa las responsabilidades del general Mario Benjamín
Menéndez, gobernador militar de las Islas Malvinas desde el 7 de abril al 14
de junio de 1982, de esta manera:
No acreditar las aptitudes indispensables de carácter, competencia en el
mando y espíritu militar que le exigía tan graves circunstancias; no ser,
tampoco, un ejemplo para sus subordinados, a los que no supo imprimir la
elevada moral de combate que reclamaba la situación, desvirtuando, de esa
forma, la alta responsabilidad con la que la nación lo había investido y de la
cual dependía el logro del objetivo político perseguido, tan caro a las
aspiraciones nacionales propias (Junta Militar, 1983, t 1, f. 269).
La CAERCAS detalla así los errores cometidos por Menéndez:
No informar acabadamente a su comandante superior la situación que
afectaba a las tropas, inclusive dar una idea contraria a la realidad, lo
que generó una falsa idea de fortaleza militar.
Desplegar con tanta anticipación a las tropas en sus posiciones de
combate, sin relevo ni lugares de descanso, sujetas a privaciones
severas, que provocó un desgaste prematuro a algunas de las
unidades, generando bajas administrativas y desmoralización
generalizada.
No tomar medidas para revertir la deficiente alimentación.
Asumir que no habría enfrentamiento armado y transmitir esto a cuadros
y tropa y no efectuar requerimientos para tal fin. Esto afectó los
preparativos para la defensa de las Islas.
Según el Informe Rattenbach (Junta Militar, 1983), el general Menéndez:
Falto ya de toda alternativa válida que se encontrara todavía bajo su
control para evitar el resultado final, su capitulación solo protocolizó una
situación preexistente de derrota, de la cual fue responsable como
comandante conjunto, lesionando gravemente el honor de nuestras armas
y dañando profundamente la fe de la nación en su valor y eficiencia
profesional (t 1, f. 273).
El VGM Owen Guillermo Crippa, teniente de navío, piloto de la Primera
Escuadrilla Aeronaval de Ataque, cuenta:
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Me encontré [en Malvinas] con un grupo de comandantes, los de máximo
nivel, que no estaban capacitados para dirigir esa guerra, una guerra
netamente anfibia, y los que estaban al frente no tuvieron la hidalguía para
reconocer que no estaban capacitados para llevarla a cabo. Pero en
general el combatiente, el soldado, suboficial y oficial, tuvo agallas e
improvisó sobre la marcha (Malvinas Causa Central, 2017, 23m39s).
El VGM Lautaro Jiménez Corbalán, subteniente del Regimiento de Infantería
Mecanizado 4, también destaca el accionar de los combatientes argentinos:
Aún en inferioridad de condiciones, como es estar en una isla cercada,
podríamos haber tenido todas las excusas para rendirnos, sin embargo, no
lo hicimos hasta que no había más posibilidades. Los soldados argentinos
son el orgullo nuestro, de nuestro pueblo, y son envidia… y especialistas
en el tema indagan porque saben y no pueden entender lo que hemos
aguantado, que es mucho (Malvinas Causa Central, 2015, 30m20s).
El VGM Fabio Lentini, soldado del Regimiento de Infantería Mecanizado 7,
destaca que durante el servicio militar obligatorio:
Siempre nos enseñaron a atacar, no a defendernos, y en Malvinas hicimos
totalmente lo opuesto, tuvimos que esperarlos. Una de las cosas que
nunca entendí: por qué no los atacamos. Yo, ignorantemente, un soldado,
no soy un general, ¿por qué nunca los atacamos cuando desembarcaron
en San Carlos, por qué los dejamos? Fue una de las cosas que le pregunté
al general Menéndez en un acto del Banco Nación y le pregunté, y no me
dijo nada, que le dieron la baja por defender los derechos de nosotros. Yo
le cuestioné por qué tantos días en el campo si éramos tres en la posición
o dos, por qué no dormía uno en el pueblo y hacíamos un relevo y
estábamos más descansados y comíamos, y bueno… yo hasta ahí llego
[...]. La verdad nunca entendí, y mis compañeros tampoco, por qué
estuvimos tantos días a la intemperie, mismo expusieron a nuestros jefes
[...]. Es al día de hoy que no sé por qué estuvimos así, por qué esperar al
enemigo en las condiciones en que estábamos [...]. Habíamos bajado
como 15 kilos, no estábamos alimentados, y eso a la tropa la debilita
mentalmente (Malvinas 40 Historias, 2022, 22m18s).
El VGM Jorge Manresa, teniente primero del Regimiento de Infantería
Mecanizado 12, jefe de la Compañía A, afirma:
Lamentablemente en Malvinas, después de la Operación Rosario, no se
cumplió ningún principio de la conducción: principio de objetivo, de
economía de fuerza, de masa, de ofensiva, que son cosas que se
estudian, es el abc, es como la anatomía para un médico, no es que uno
va a ir a la guerra con los reglamentos, con libros, pero están a flor de piel
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esos principios, es decir, no puede uno desconocer cuál es el objetivo, la
campaña. El objetivo era Puerto Argentino y alegremente desperdigaron
una brigada, Regimiento 12, el 5 y el 8 en la otra isla que… sin sentido,
mala conducción, mala decisión lamentablemente. Y en la guerra la
imprevisión debe ser considerada un delito y debe ser castigada como tal y
grave. […] No se puede ser aficionado en la guerra, hay que ser
profesionales, serios, hay vidas humanas que están en juego. Un buen jefe
no es solamente el que conquista el objetivo, sino el que llega al objetivo,
cumple con la misión y regresa con la mayor cantidad de hombres vivos y
sanos, ¿cierto? Es, digamos, el concepto que uno tiene que tener como
jefe, como conductor. No pensar en eso es ser aficionado, no importarle la
vida del otro (Voces de Malvinas, 2022, 1h46m50s).
El vicecomodoro Eugenio Miari, funcionario del gobierno de Menéndez,
aclara:
Lo que yo vi no es una cosa improvisada; es el resultante de muchas
cosas. Que nosotros podemos pensar que la derrota de Puerto Argentino
se resuelve volviendo un año atrás o un año y medio o dos años, es
utópico; hay que volver veinte o treinta años, y empezar de nuevo (Junta
Militar, 1983, t. 5, f. 876-877).
Reflexiones finales
Al recuperar el ejercicio pleno de la soberanía sobre las Islas Malvinas, los
altos mandos militares, que gobernaban de facto la Argentina desde 1976,
estaban convencidos de que no habría guerra y que se resolvería el conflicto
diplomáticamente, inclusive se insinuaba que “existía el ‘guiño’ de Estados
Unidos” (vicecomodoro Miari en Junta Militar, 1983, t. 5, f. 880) y se evitaría
el enfrentamiento entre ambos países. Por eso, jamás planearon cómo
defender las Islas y la improvisación fue permanente. La derrota militar
parecía un final anunciado.
Como lo señala el vicecomodoro Miari, para entender la derrota de Puerto
Argentino “hay que volver veinte o treinta años” atrás, es decir, a los golpes
de Estado de 1955 que, entre otras cosas, cambió la Doctrina de Defensa por
la de Seguridad Nacional. También al golpe de Estado de 1966, que afectó
profundamente la formación, capacidad y pensamiento de las Fuerzas
Armadas.
Muchos oficiales argentinos entendían, desde la recuperación de las Islas,
que el Reino Unido de Gran Bretaña e Irlanda del Norte vendría a combatir y
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por eso se preocuparon y ocuparon para enfrentar ese momento de la mejor
manera posible. Los jefes de Unidades que estuvieron a la altura, junto a su
tropa, son destacados por el Informe Rattenbach (Junta Militar, 1983); pero
también por los soldados. Aquellos militares que fueron cobardes, que
maltrataron a sus subordinados o continuaron con la lógica del “cuartel”
respecto a la vida que llevaban en su unidad y la forma de mando en tiempos
de paz, sin entender el contexto, son señalados por los soldados y no pueden
participar de las reuniones anuales del grupo o unidad, ya que los mismos
exsoldados los “expulsan”.
Fueron los conscriptos, junto a los jefes destacados, quienes enfrentaron con
bravura y decisión a un enemigo superior en armamento, logística y doctrina.
Estos combatientes eran el pueblo argentino en armas defendiendo a la
Patria de una nueva invasión; que cumplieron su misión a pesar de estar en
un pozo por más de sesenta días, en la mayoría de los casos mal
alimentados y bajo bombardeo permanente desde el 1.° de mayo. Cuando
llegó el momento del combate dieron todo lo que tenían y más.
Para muchos soldados argentinos, el cese de hostilidades del 14 de junio es
uno de los peores días de sus vidas, por el esfuerzo que hicieron, por sus
compañeros caídos y por la derrota circunstancial que es una carga espiritual
que llevan hasta el día de hoy.
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REFERENCIAS
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Lautaro Jiménez Corbalán, combatiente de Malvinas y autor de “Malvinas
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Malvinas Causa Central. (23 de marzo de 2019). Entrevista al ex soldado del
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M. S. Vassallo y J. F. Natalizio / 14 de junio de 1982
Malvinas en Cuesón | N.° 3 | 2024 | ISSN 2953-3430
Malvinas Causa Central. (13 de julio de 2020). Entrevista a Ramón Jesús De
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integrante del Centro de Veteranos de Guerra de Malvinas de Lanús
[Archivo de Video]. YouTube. https://www.youtube.com/watch?
v=svXHG8fprCE&t=1447s
Malvinas Causa Central. (18 de mayo de 2021). Entrevista al ex soldado del
Grupo de Artillería Antiaéreo 601, Claudio Chafer [Archivo de Vídeo].
YouTube. https://www.youtube.com/watch?v=AjrTFrxTR2Q
Malvinas Causa Central. (4 de octubre de 2021). Entrevista a Carlos Retamar
ex soldado del Grupo de Artillería Aerotransportado 4 [Archivo de Vídeo].
YouTube. https://www.youtube.com/watch?v=pNvsl86wagQ
Malvinas Causa Central. (27 de junio de 2022). Combatiente de Malvinas,
Ariel Fueyo, en 1982 soldado de la Compañía de Ingenieros de Combate
601 [Archivo de Vídeo]. YouTube. https://www.youtube.com/watch?
v=b22qPOvKCTE
Malvinas Causa Central. (16 de septiembre de 2022). Malvinas: Combate de
Monte Longdon. La historia del soldado Santiago Mambrín [Archivo de
Video]. YouTube. https://www.youtube.com/watch?v=KhrMSOiplT4
Malvinas Causa Central. (3 de octubre de 2022). Malvinas: Jorge Torres, ex
soldado del Regimiento de Infantería 25 [Archivo de Video]. YouTube.
https://www.youtube.com/watch?v=5ObjwkAIywI
Malvinas Causa Central. (11 de octubre de 2022). Malvinas: Entrevista a
Jorge Verri. En 1982, soldado del Regimiento de Infantería 1 [Archivo de
Video]. YouTube. https://www.youtube.com/watch?v=RcXrI1cxzBk
Malvinas 40 Historias. (25 de agosto de 2022). #24 Ruben Pablos [Episodio
de Podcast]. Spotify. https://open.spotify.com/
episode/1oZxlsXsy5S5LjTt3qgrcG
Malvinas 40 Historias. (15 de septiembre de 2022). #27 Fabio Lentini
[Episodio de Podcast]. Spotify. https://open.spotify.com/
episode/3SzlxBSAr3cOm4R12NqmC3
Moro, R. (1986). La Guerra Inaudita. Historia del Conflicto del Atlántico Sur.
Pleamar.
33
M. S. Vassallo y J. F. Natalizio / 14 de junio de 1982
Malvinas en Cuesón | N.° 3 | 2024 | ISSN 2953-3430
Natalizio, J. F. (2012). Malvinas Causa Central [Programa de Radio]. 92.1
Megafón Radio UNLa. https://megafon.unla.edu.ar/programa/malvinas-
causa-central
Vassallo, M. S. (2022). Voces de Malvinas. Archivo de las memorias de los
combatientes [proyecto de investigación]. Observatorio Malvinas,
Universidad Nacional de Lanús.
Voces de Malvinas. (12 de abril de 2022). Voces de Malvinas - Eduardo
Gasparini [Archivo de Video]. YouTube. https://www.youtube.com/watch?
v=P0FAIeqsBa8
Voces de Malvinas. (6 de mayo de 2022). Voces de Malvinas - Jorge
Manresa [Archivo de Video]. YouTube. https://youtu.be/u_gezo87BKo
Voces de Malvinas. (17 de mayo de 2022). Voces de Malvinas - Daniel
Eduardo Stella [Archivo de Video]. YouTube. https://www.youtube.com/
watch?v=P3J-_tzf3mA
Voces de Malvinas. (12 de julio de 2022). Voces de Malvinas - Joaquín
Ignacio Carballo [Archivo de Video]. YouTube. https://www.youtube.com/
watch?v=MMd3N1KDxH0
Voces de Malvinas. (5 de agosto de 2022). Voces de Malvinas - Augusto E.
Vilgre La Madrid [Archivo de Video]. YouTube. https://www.youtube.com/
watch?v=XWXZkWuktsk&t=11288s
Voces de Malvinas. (1 de septiembre de 2022). Voces de Malvinas - Ariel A.
Peña [Archivo de Video]. YouTube. https://www.youtube.com/watch?
v=bmI7co57yaA&t=435s
West, N. (1998). La Guerra Secreta por las Malvinas. Sudamericana.
NOTAS
1. Al respecto, ver el testimonio del VGM coronel Manuel Dorrego —secretario de Obras
Públicas del Gobierno Militar de Malvinas y jefe de la agrupación de ingenieros — relevado en
el Informe Rattenbach (Junta Militar, 1983, tomo 1, folio 914).
2. Esta última referencia obedecía a la prematura e insólita rendición de Puerto Argentino por
parte de Menéndez.
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M. S. Vassallo y J. F. Natalizio / 14 de junio de 1982
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