Presión de 10: 'Voy a seguir jugando; acá o en otro lado'

 
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El cemento emana fútbol, las tribunas irradian pasión, las plateas destilan historia, el césped regala magia. Y la Bombonera, esa edificación con vida propia que late, respira y estremece, volvió a vivir una jornada diferente, distintiva, significativa. Es que uno de sus hijos, quizás el más emblemático, necesitó de su reverberancia para hacer escuchar la voz de su ciudadano que pidió hasta agrietar voluntades que Juan Román Riquelme debe seguir jugando ahí, en el patio de su casa. Y fue un Cabildo abierto, antes, durante y después del partido. Todos pidieron por el Nº 10 y el N° 10 dejó, con su discurso, su huella. Incluso, había tanta necesidad de pedir por él que hasta bajó una ovación en medio de la interpretación del Himno Nacional? Es que ayer fue la fiesta de Riquelme, la gente asistió al templo para ver a su ídolo y también a Boca. Sí, en ese orden, porque el capitán xeneize es capaz de eso y de mucho más, como cuando puso de rodillas a Diego Maradona y logró que la gente lo eligiera; y hasta rompió un acuerdo entre Daniel Angelici y Julio César Falcioni para que el técnico continuara. Es el estratego, es el dueño del amor de su gente, sabe cómo hacer que su casa brame por él. Y sabe cómo jugar este juego."A mí me quiere mucho la gente, yo nunca le puedo devolver todo el cariño que me dan. Voy a seguir jugando a la pelota. Aposté con mi hermano que seguiré jugando hasta los 40 años. Cuatro años es mucho, pero me siento bien. Veremos si es acá o en otro lado, pero quiero seguir jugando", dijo Román, y sembró dudas. Es que cuando fue reemplazado, a los 43 minutos del segundo tiempo, saludó a los hinchas de manera muy especial y en el banco de los suplentes se abrazó significativamente con Carlos Bianchi. Incluso el Virrey fue más efusivo con él que otras veces: hasta un beso le dio. Todas actitudes que dejaron abierta una cantidad de interrogantes complejos de descifrar. Porque lució a despedida cada movimiento del capitán xeneize. Aunque también llenó de ilusión a todos cuando salió caminando de la cancha revoleando la camiseta y la gente le expresaba su devoción con el grito de "Riquelme es de Boca y de Boca no se va".Dejó pasar el balón por debajo de sus piernas y los hinchas se derritieron. Se multiplicó el "Riquelme, Riquelme". El N° 10 puso debajo de su suela el balón e hizo enojar a Ortiz, lo que despertó furia en el volante de Lanús. La misma furia con la que la gente desde la popular visitante insultó al presidente del club, Angelici, quien...

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